El Despertar de un sueño
Por Ernesto Orci*

Muchos negocios en México iniciaron en los 60’s y 70’s con empresarios emprendedores, visionarios y arriesgados. Gracias a su esfuerzo, inteligencia e intuición son ahora empresas exitosas reconocidas en nuestro país y muchas veces fuera de nuestras fronteras. Estas empresas se encuentran ahora en un momento en que los fundadores o están pasando la estafeta o están asignando responsabilidades a sus hijos o hijas con el fin de que ellos tomen el negocio y le den seguimiento a lo iniciado.

La gran mayoría de estos jóvenes empresarios se han graduado en excelentes universidades en nuestro país y en muchas ocasiones tienen postgrado en el extranjero por lo que su capacitación y conocimientos son amplios y en muchas ocasiones superan a los de los padres.

Ante este panorama cabría esperar una transición armoniosa, enriquecedora y prometedora; sin embargo, la realidad es otra. Después de varios años de asesorar a empresas que tienen el perfil descrito, me he encontrado ante situaciones realmente escalofriantes en donde la tónica general es la siguiente:

– Quisiera que me asesorara en el área comercial de la empresa pero sobretodo que me ayudara en la relación con mi Gerente General, es mi hijo. Yo se que no es tonto, pero definitivamente no entiende como se debe manejar un negocio y no quisiera que se afectara la relación familiar…

Padre e Hijo¿De quién es la culpa? ¿Del padre, lleno de experiencia, triunfador de mil batallas y curtido en el campo? ¿O del hijo, quien lleno de energía e ilusiones ya estaba pensando en cómo aplicar sus nuevos conocimientos al negocio familiar para hacerlo más exitoso y demostrar que todo lo invertido en su educación y todo su esfuerzo no fueron en vano?

La verdad es que la culpa es de la vida misma. Por más que tratemos, un vaso nunca podrá contener un litro de agua, tenemos que buscar nuevas opciones y caminos para que el líquido no se derrame. De la misma forma, todo el empuje y energía de los jóvenes nunca podrá adecuarse al análisis de situaciones aderezado por la experiencia que dan los años.

 


Continúa — Parte 2

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